Una piedra en el agua genera círculos; una piedra en movimiento los aplasta por delante. Este efecto, descubierto por Doppler, también se aplica a la luz: cuando la fuente se mueve, cambia su color. Los astrónomos lo usaron para observar un sistema binario, donde una estrella de neutrones — un remanente superdenso, que a veces se manifiesta como un púlsar — atrae materia de una estrella compañera. El gas se arremolina en un disco, calentado hasta brillar en rayos X.
Mediante la espectroscopia — la descomposición de la luz en colores — los científicos midieron el desplazamiento de la línea de hierro y construyeron un mapa de velocidades. Se esperaba que los rayos X provinieran del disco o de la corona, pero la fuente principal resultó ser el flujo que se derrama por el borde del disco, como agua de una taza rebosante. La misma «cascada» se ve también en el rango óptico.
Este nuevo método, la tomografía Doppler de rayos X, permite ver directamente el movimiento del gas en estos sistemas, como una ecografía de corrientes cósmicas.
El hierro en el universo emite en una única «nota» de rayos X: por su desplazamiento, los astrónomos determinan la velocidad del gas con gran precisión.