Un escáner PET convencional se parece a una cámara con un objetivo estrecho: para capturar a una persona entera hay que moverla de un lado a otro y tomar muchas imágenes. El nuevo tomógrafo IMAS es una cámara gran angular que abarca de una vez 71 centímetros del cuerpo. El paciente permanece inmóvil mientras el equipo, en una sola pasada, recoge la imagen desde la cabeza hasta las caderas.
Dentro del escáner hay anillos de cristales semitransparentes que captan destellos de luz procedentes del marcador radiactivo inyectado en la sangre. Cada destello es una señal de la desintegración de un positrón, y cuanto mejor determina el aparato dónde y cuándo se ha producido, más nítida es la imagen. IMAS es el primero en combinar dos técnicas: medir el tiempo de vuelo de los rayos gamma y medir la profundidad a la que se absorben en el cristal. Antes, estas capacidades solo se encontraban por separado.
Las primeras pruebas en pacientes mostraron que el aparato ve el tumor mejor que un escáner PET/TC comercial. Sin embargo, la velocidad de adquisición de datos es por ahora inferior a la calculada, debido a un cuello de botella en la transmisión de información al ordenador. Los ingenieros ya saben qué hay que arreglar: sustituir el canal de comunicación y el tomógrafo funcionará a plena capacidad.
Los detectores de IMAS están formados por cristales parecidos a ladrillos semitransparentes de 3×25×20 mm. Cada ladrillo es como una lente miniatura que no solo capta la luz, sino que también indica desde qué profundidad ha llegado.