En la constelación del Cisne hay una estrella doble que se comporta como un faro con una persiana averiada. Cada 4,8 horas, el brillante haz de rayos X se apaga, aunque la estrella en sí sigue brillando. Antes se explicaba de forma simple: una estrella oculta a la otra. Pero ahora se ha descubierto que es mucho más interesante.
Una de las estrellas de este par es una gigante masiva que expulsa un potente flujo de gas. Ese gas no se dispersa en todas direcciones, sino que cae sobre la vecina, una estrella diminuta pero muy densa. Al caer, el flujo choca contra el borde del disco de gas que rodea a la estrella densa, y del impacto se alza un muro de materia incandescente. Este muro no es transparente: periódicamente nos oculta el punto brillante donde se genera la radiación de rayos X. Por eso vemos que el haz se apaga.
Ese mismo muro explica el misterioso retraso. El haz no se apaga justo en el momento en que una estrella pasa frente a la otra, sino un poco después, aproximadamente una décima de órbita. Esto ocurre porque el muro está unido al disco y se mueve con él, no permanece quieto. Además, funciona como el obturador de un coronógrafo, el instrumento con el que los astrónomos tapan el brillante disco del Sol para ver su débil corona. Por eso, durante el eclipse vemos un resplandor intensificado del hierro, como la corona tras el obturador.
Por último, las observaciones han mostrado que las dos estrellas se separan lentamente en espiral. Esto significa que el sistema no se contrae hacia una catástrofe, sino que, al contrario, vive de forma estable, expulsando el exceso de gas hacia afuera. El faro del Cisne seguirá brillando durante mucho tiempo.
El muro de gas que oculta el haz de rayos X está más caliente que la superficie del Sol, y su altura es comparable a la distancia de la Tierra a la Luna.
La misma idea, un muro gigante de materia que oculta la radiación, aparece en la novela 'Mundo Anillo' de Larry Niven, donde los protagonistas se refugian tras el borde de un anillo artificial ante una llamarada.