Dos interpretaciones de la medición cuántica discuten sobre el destino de los resultados no realizados: el colapso los borra, la teoría unitaria los conserva. Un experimento con tres mediciones sucesivas de fotones mostró que hay coherencia entre los resultados, lo que habla a favor del enfoque unitario. Al introducir decoherencia, esta conexión se rompe y el panorama se vuelve similar al colapso. Resulta que el familiar «colapso» de probabilidades no es una ley fundamental, sino una consecuencia de la interacción con el entorno. Este experimento, por primera vez, distinguió las dos teorías en la práctica.
En la teoría cuántica, una partícula puede correr por dos caminos a la vez. Al medirla, la encontramos solo en uno. Según Niels Bohr, todas las demás posibilidades desaparecen instantáneamente, como una rama desprendida del tronco. Sin embargo, Hugh Everett III insistió: el árbol de la realidad crece con todas las ramas a la vez, y nosotros solo vemos aquella en la que estamos.
Los experimentadores midieron tres veces un solo fotón —partícula de luz—, como si observaran el árbol en tres momentos distintos. Resultó que entre las mediciones hay un vínculo esquivo, una coherencia oculta. Las ramas «rotas» no desaparecieron y siguen influyendo en el resultado visible. Además, cada medición deja una huella, como un anillo de crecimiento en un corte.
Pero basta con que el árbol se balancee —introducir incluso un leve ruido externo— y los brotes delgados mueren, quedando solo el tronco principal. Entonces el resultado parece como si la rama se hubiera roto de inmediato. En la vida cotidiana, el calor y las vibraciones borran rápidamente los rastros de las alternativas, y el mundo cuántico parece inequívoco.
🎯 Si la ramificación es real, existen dobles tuyos que recuerdan otros resultados experimentales y, tal vez, otras decisiones en la vida.
🎬 La idea de los mundos paralelos inspiró la novela «Anatema» de Neal Stephenson.