En un trozo de diamante se esconde un diminuto defecto: un átomo de nitrógeno junto a una vacante. Este defecto capta campos magnéticos como una antena capta ondas de radio y responde con destellos de luz. Estos sensores ya miden la temperatura dentro de células vivas y buscan defectos en microchips.
El problema es que la señal de un solo defecto se pierde en el ruido. Para extraer lo útil, el instrumento repite la medición cientos de veces y promedia. Es como escuchar un susurro en una calle ruidosa: hay que pedirle a la persona que repita la frase muchas veces hasta entender las palabras.
La red neuronal NVRNet hace algo distinto. Se entrenó con modelos computacionales de cómo responde el defecto a los campos magnéticos. Luego se afinó con datos reales de tres defectos diferentes. Ahora toma una o dos señales ruidosas y produce una onda limpia, además de los parámetros de los átomos de carbono vecinos. El error resultó ser la mitad que el de la señal cruda.
Este enfoque acelera las mediciones hasta 40 veces. En lugar de horas, minutos. Esto abre el camino a un ajuste rápido de dispositivos cuánticos y al escaneo masivo de materiales.
Los sensores de diamante basados en defectos de nitrógeno son tan sensibles que pueden detectar el campo magnético de un solo electrón ubicado en una molécula vecina.