Una lámina de grafeno, una red de carbono de un átomo de espesor, bajo el haz de un láser potente se comporta como una carretera en la que de repente aparece una barrera. Los electrones, que antes corrían libremente por el material, se topan con una banda prohibida: un intervalo de energías que no pueden saltar. Esto se había predicho teóricamente, pero nunca se había visto con los propios ojos.
Un equipo internacional de físicos dirigió pulsos de luz cortos e intensos sobre el grafeno. La luz hizo que los electrones se movieran de forma sincronizada, como una multitud que marcha al paso sobre un puente. En los lugares donde antes se cruzaban los niveles de energía, apareció una brecha: la espectroscopía resuelta en tiempo y ángulo lo mostró directamente. La brecha no era uniforme: en unas direcciones es más ancha, en otras más estrecha, y en dos puntos especiales desaparece por completo. Estos puntos, los llamados nodos de Dirac, están protegidos por la simetría, como los dos polos de un globo terráqueo, que no se pueden eliminar sin rasgar el mapa.
Este es el primer experimento directo que confirma que la luz puede remodelar la estructura electrónica del grafeno. En el futuro, estos materiales "vestidos de luz" podrían servir de base para transistores conmutados por láser o para dispositivos cuánticos cuyas propiedades cambian sobre la marcha. El grafeno, creado con cinta adhesiva y un lápiz, vuelve a ser un banco de pruebas para ideas que ayer mismo solo vivían en el papel.
El grafeno es el material más delgado del mundo: un millón de láminas apiladas tendría el grosor de un cabello humano.
En la novela de Neal Stephenson "La era del diamante", la materia se programa con luz: el experimento con grafeno da el primer paso hacia esas tecnologías.