Una carretera circular alrededor del Sol por la que no circulan automóviles, sino paquetes de materia. El diámetro de esta carretera es de años luz: rodea nuestro sistema planetario por su borde exterior, en la nube de Oort, donde aún se siente la débil atracción de la estrella. Esa es la escala del dispositivo que un grupo de físicos propone construir para estudiar el bosón de Higgs y buscar nuevas partículas.
En lugar de los habituales protones o electrones, en este acelerador chocarían leptones tau, parientes más pesados del electrón que viven solo un instante. La energía de las colisiones alcanzaría yottaelectronvoltios, una unidad con veinticuatro ceros, un millón de veces mayor que la del actual Gran Colisionador de Hadrones. Tal potencia abriría el acceso a procesos que hoy es imposible reproducir en un laboratorio.
La construcción llevaría décadas, quizás siglos. Los autores admiten con honestidad: la humanidad tendría que ascender a una civilización de tipo I o II en la escala de Kardashov, es decir, aprender a usar la energía de todo el planeta o incluso de toda la estrella. Pero precisamente por eso, sostienen, hay que empezar a desarrollar la idea de inmediato: un viaje de mil leguas comienza con un primer paso.
El anillo en la nube de Oort no es solo un instrumento gigantesco. Es una apuesta a que los misterios más profundos de la materia exigen la mayor escala posible.
El tau leptón vive solo 2,9×10⁻¹³ segundos; en ese tiempo, la luz alcanza a recorrer menos de una décima de milímetro.
La idea de un acelerador a escala planetaria resuena con 'El problema de los tres cuerpos' de Liu Cixin, donde una civilización extraterrestre construye una instalación que abarca todo el sistema estelar.