El barómetro en la isla de Tahití y el barómetro en Darwin, Australia, respiran en contrafase. Cuando la presión sube en uno, baja en el otro, y esta diferencia, conocida como índice de oscilación del sur, actúa como un péndulo del clima global. Pero este péndulo no es simple: no solo oscila por los empujones del momento, sino que recuerda sus movimientos anteriores.
Los investigadores tomaron los valores mensuales del índice de 1951 a 2015 y comprobaron cuánto dura esa memoria. Resultó que la conexión entre pasado y futuro no desaparece rápido: incluso después de dos, tres y a veces cinco años, los datos aún muestran rastros de oscilaciones previas. Es como si un columpio, una vez impulsado, siguiera meciéndose suavemente mucho después de que la persona se haya bajado.
Esa memoria no hace que el clima sea totalmente predecible. Los cálculos mostraron que el índice se comporta de forma caótica: dos estados iniciales muy parecidos pueden divergir en el futuro, como dos hojas que caen al mismo arroyo pero acaban en corrientes distintas. El horizonte de pronóstico fiable es limitado, pero no nulo.
Para un centro espacial donde una ráfaga de viento puede arruinar un lanzamiento, esta relación no es una abstracción. Si se sabe con meses de antelación que el Pacífico ha entrado en fase cálida, se pueden esperar semanas más ventosas y ajustar el calendario de preparación. El péndulo del clima sigue oscilando, pero ahora su movimiento se puede anticipar al menos en parte.
El índice de oscilación del sur se calcula a partir de la diferencia de presión atmosférica entre Tahití (en el océano Pacífico) y Darwin (en Australia, a orillas del océano Índico). Estos dos puntos están separados por unos 7 500 kilómetros, pero su "respiración" en contrafase refleja los cambios globales de la circulación tropical.