Una persona mira letras parpadeantes en una pantalla y la computadora adivina cuál eligió a partir de un pico de actividad cerebral. Es como un intérprete que capta no las palabras, sino las señales eléctricas del cerebro. Pero cada cerebro 'habla' con su acento: en uno la señal es clara y nítida, en otro es débil y borrosa. Los científicos decidieron investigar en qué se diferencian exactamente esos acentos.
Reunieron registros de ondas cerebrales de tres grupos de personas: con esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad que debilita los músculos), con autismo y sin esas condiciones. Para el análisis crearon un programa que no solo reconoce la señal, sino que también muestra su 'retrato': cómo es la onda típica de cada grupo. Resultó que los retratos son realmente distintos: en un grupo la onda es más aguda, en otro más ancha, en un tercero está desplazada en el tiempo.
Este hallazgo es importante para quienes no pueden hablar ni moverse. Para ellos, las interfaces cerebrales son el único medio de comunicación. Si el programa sabe cómo se ve la señal de esa persona en particular, se equivocará menos. En el futuro, estos sistemas podrán adaptarse a cada usuario desde los primeros minutos, como un buen intérprete que se acostumbra rápido a la voz de su interlocutor.
La señal P300 aparece en el cerebro aproximadamente 300 milisegundos después de que una persona nota algo importante: es como un '¡ajá!' instantáneo dentro de la cabeza.