Un diapasón al que se le da un golpe se apaga: sus vibraciones se escapan al aire. Pero existen sistemas donde la oscilación no se amortigua, aunque alrededor haya muchas ondas libres dispuestas a llevarse la energía. Estos estados 'atrapados' son lo que los físicos llaman estados ligados en el continuo (BIC, por sus siglas en inglés). Se predijeron ya en 1929, pero no se observaron hasta 2011. Hasta ahora se estudiaban en el espacio, como una onda confinada en una trampa. Ahora los científicos han hecho lo mismo, pero en el tiempo.
Un camino de conductores por el que corre una onda: si se cambia rápidamente la resistencia de ese camino, la onda no se dispersa, sino que se concentra en un cúmulo estable: en el centro, un pico brillante; en los bordes, oscilaciones amortiguadas. Ese cúmulo es el estado ligado temporal. Curiosamente, resultó ser asimétrico, aunque la perturbación de control era simétrica. Es como si un columpio se balanceara igual hacia la izquierda y hacia la derecha, y de repente se quedara quieto, inclinado solo hacia un lado.
Este experimento es el primer paso hacia un nuevo campo. Antes se pensaba que el tiempo fluye de manera uniforme y no afecta a las ondas. Ahora está claro: se puede jugar con el tiempo igual que con el espacio. Quizás en el futuro aparezcan ordenadores ópticos donde la luz se retrase en el tiempo, no en el espacio. O láseres que emitan pulsos estrictamente definidos sin pérdidas.
Un diapasón que no se apaga ya no es una fantasía. Los científicos han atrapado una onda en el tiempo y la mantienen hasta que ellos mismos la sueltan.
Los estados ligados en el continuo se parecen al sonido en un resonador perfecto: la energía no se escapa, aunque las salidas estén abiertas. En la naturaleza esto es raro, pero los ingenieros han aprendido a crearlos artificialmente.
En la serie 'Doctor Who', la TARDIS está atrapada en el tiempo y el espacio: los BIC temporales recuerdan a ese truco, pero para ondas.