Capas delgadas en el espacio donde las propiedades del vacío cambian abruptamente, formadas durante una transición de fase.Las paredes de dominio son estructuras hipotéticas, similares a láminas, que podrían formarse en el universo temprano cuando ocurre una transición de fase que rompe la simetría. En física de partículas, tal transición haría que diferentes regiones del espacio se establecieran en distintos estados de vacío —las configuraciones de menor energía de un campo—. Donde dos regiones con diferentes estados de vacío se encuentran, se forma una capa límite, y ese límite es una pared de dominio. Estas paredes portarían una densidad de energía enorme y, si existieran hoy, dominarían la expansión del universo, lo cual las observaciones descartan. Por eso su ausencia es un enigma: o la transición de fase nunca ocurrió, o algún mecanismo (como la inflación) diluyó o destruyó las paredes.
El concepto surgió a finales de los años 1970 y principios de los 1980 a partir del trabajo sobre la ruptura espontánea de simetría en teorías de gran unificación, notablemente por Tom Kibble y otros, quienes estudiaron defectos topológicos como cuerdas cósmicas y monopolos.
Imagina un campo que, a alta temperatura, tiene un único mínimo simétrico (como un cuenco). A medida que el universo se enfría, el campo desarrolla dos o más mínimos equivalentes (como un doble pozo). Diferentes parches de espacio eligen aleatoriamente mínimos distintos. Donde dos parches se encuentran, el campo debe interpolar suavemente de un mínimo al otro, creando una región delgada de alta energía: la pared de dominio. La tensión y la densidad de energía de la pared dependen del potencial y del acoplamiento del campo, pero en modelos simples son enormes, superando con creces la densidad crítica del universo.
Las paredes de dominio son principalmente de interés teórico en cosmología y física de altas energías, pero defectos topológicos similares aparecen en sistemas de materia condensada, como ferromagnetos y cristales líquidos, donde se estudian experimentalmente.
Si las paredes de dominio existieran hoy, crearían una atracción gravitatoria tan fuerte que el universo se habría colapsado hace mucho tiempo, por lo que su ausencia es una fuerte restricción para los modelos de física de partículas.






















