Un cristal sin centro de simetría es como una habitación donde una pared es espejo y la otra es mate: el reflejo no coincide con el original. Estos materiales suelen comportarse de manera extraña porque los electrones perciben la distorsión de la red. En el compuesto de europio con iridio, indio y germanio — EuIr4In2Ge4 — esa distorsión es especialmente notable.
Al enfriar hasta 2,5 K (más frío que la superficie de Plutón), el cristal adquiere un orden magnético. Los neutrones, como sondas diminutas, exploran la disposición de los momentos magnéticos atómicos. Resulta que los momentos del europio se alinean en una estructura antiferromagnética simple: los átomos vecinos apuntan en direcciones opuestas, como filas de flechas orientadas alternadamente hacia arriba y hacia abajo.
La simplicidad de la estructura magnética en un cristal tan asimétrico es un resultado importante. Ayuda a comprender cómo la distorsión de la red afecta al magnetismo y podría ser útil para crear nuevos materiales para la espintrónica, la electrónica que aprovecha no solo la carga del electrón, sino también su espín.
La temperatura de 2,5 K está solo dos grados y medio por encima del cero absoluto. A esa temperatura, incluso el helio se vuelve superfluido y puede fluir hacia arriba por las paredes de un recipiente.