En un enorme acelerador, las partículas chocan entre sí y, a veces, tras el impacto solo quedan dos fotones, las partículas de la luz. Los físicos saben predecir con qué frecuencia ocurre esto, pero sus cálculos no coincidían con lo que veían los detectores. Cada refinamiento de la teoría cambiaba la respuesta, y no había acuerdo.
Los autores del nuevo trabajo dieron un paso más en precisión: añadieron al cálculo el siguiente nivel de correcciones. Es como sintonizar una radio: al principio solo se oye ruido, pero con cada giro del dial la señal se vuelve más clara. Ahora el cálculo por fin coincide con el experimento, y los físicos pueden confiar en sus predicciones.
Un cálculo tan preciso no es un fin en sí mismo. Cuando en el colisionador se buscan nuevas partículas, estas pueden desintegrarse en dos fotones. Para detectar una señal de nueva física, es necesario saber con exactitud cuántos pares de este tipo se producen en los procesos ordinarios. Ahora ese fondo está calculado de forma fiable, y la búsqueda se vuelve más limpia.
Los fotones son partículas de luz y no tienen masa, por lo que siempre viajan a la velocidad máxima: la velocidad de la luz.