Cuando dos partículas vuelan casi a la misma velocidad y en la misma dirección, sus señales en el detector se funden, como dos voces al unísono. Distinguir un dúo de un solista es todo un arte. En el Gran Colisionador de Hadrones, a veces un electrón y su antípoda, el positrón, nacen con tal impulso que sus energías se suman en un único cúmulo en el calorímetro, el instrumento que mide la energía de las partículas. Antes, ese cúmulo era fácil de confundir con una partícula solitaria, y se perdía información valiosa.
Los físicos de la colaboración CMS han ideado dos algoritmos detectives. El primero funciona cuando en el trazador —el detector que registra la trayectoria de la partícula— se ven ambas trazas. Encuentra estos pares en el 80% de los casos. El segundo entra en juego cuando solo queda una traza: captura el cúmulo mediante pistas indirectas, y su éxito ronda el 60%. Para probarlos se usaron partículas ya conocidas: los mesones J/ψ (partículas de vida corta compuestas por un quark encanto y su antiquark), que se desintegran en un electrón y un positrón, y eventos en los que un fotón se convierte en un par electrón-positrón.
Estos pares fusionados son marcadores de procesos muy energéticos. Por ejemplo, aparecen en la desintegración de partículas pesadas, similares a las que podrían indicar nueva física más allá del modelo estándar. Al aprender a reconocerlos, los científicos obtienen una señal más limpia y pierden menos datos.
El electrón y el positrón son partícula y antipartícula. Cuando se encuentran, se aniquilan y se convierten en energía pura. Pero en el detector aún no se han encontrado: simplemente vuelan tan cerca que sus señales se funden.