Una linterna ilumina el ojo y la retina responde con impulsos eléctricos, como un eco, pero de luz en lugar de sonido. Ese eco puede registrarse y revela cómo funcionan no solo el ojo, sino también el cerebro. Después de todo, la retina es un trozo de cerebro expuesto al exterior.
Investigadores de Australia y Reino Unido registraron estos 'ecos' en tres grupos de niños: típicos, con autismo y con una combinación de autismo y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Utilizaron un dispositivo portátil llamado RETeval, una cajita del tamaño de una palma que se coloca bajo el ojo y capta las señales a través de la piel, como un micrófono. El niño no necesita permanecer quieto en la oscuridad; basta con que mire los destellos.
En total se recopilaron más de cinco mil registros. Cada uno es una curva con oscilaciones rápidas (los llamados potenciales oscilatorios). En los niños con autismo, estas oscilaciones resultaron más suavizadas, como amortiguadas, mientras que al añadirse el TDAH, por el contrario, eran más irregulares. La diferencia se nota incluso al comparar el ojo izquierdo y el derecho.
Ahora estos datos están abiertos a todos. Médicos e ingenieros pueden entrenar programas con ellos para que, con un solo destello de luz, sospechen autismo o TDAH. No sustituye al diagnóstico, sino que es una prueba rápida de cribado, como un termómetro que sugiere si conviene acudir a un especialista. Así, un examen de visión rutinario podría convertirse en una ventana al neurodesarrollo, y una simple linterna, en una herramienta que se adentra en las profundidades del cerebro.
La retina es la única parte del sistema nervioso central que se puede observar sin cirugía, simplemente mirando dentro del ojo.
En la novela 'Ensayo sobre la ceguera', de José Saramago, las personas pierden la vista pero conservan la razón; aquí es al revés: a través de la vista se indaga en la razón.