Un estallido de rayos gamma es como un disparo de un cañón cósmico. Primero, un destello breve de luz, luego un decaimiento. Pero dentro de ese destello, no todo es tan simple: su color y su brillo no cambian al mismo tiempo.
Los científicos tomaron 20 estallidos individuales captados por el satélite Fermi y los descompusieron en el tiempo. Observaron dos cosas: cuándo el estallido alcanza su máximo brillo y cuándo su radiación se vuelve más dura (es decir, de mayor energía). Resulta que hay tres escenarios. En cinco estallidos, la dureza y el brillo alcanzaron su pico juntos, como si alguien encendiera una lámpara y de inmediato girara la perilla de brillo al máximo. En trece, la dureza llegó antes que el brillo, como si primero la lámpara se pusiera en luz azul y luego se hiciera más brillante. Y solo en dos, ocurrió lo contrario: el brillo antes que la dureza.
Este comportamiento se parece a tres resortes diferentes. El primer resorte se comprime y se expande al mismo tiempo que el brillo: todo va sincronizado. El segundo resorte primero se vuelve más rígido y luego empuja con más fuerza. El tercero, raro, hace todo al revés. Los científicos aún no saben por qué, pero esto ayuda a distinguir los diferentes mecanismos de radiación en las explosiones.
Los rayos gamma más duros pueden tener una energía miles de millones de veces mayor que la luz visible.