Un enjambre de espejos y antenas envuelve un agujero negro como las abejas a su colmena. Pero en lugar de miel, esta estructura recolecta energía suficiente para alimentar una conciencia del tamaño de una galaxia. Precisamente estas «mentes de Dyson» fueron el tema de un reciente encuentro en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. La idea se remonta a los trabajos de Freeman Dyson, quien ya en 1960 sugirió que las civilizaciones avanzadas podrían rodear estrellas con esferas para capturar energía. Ahora la mirada se ha desplazado hacia los agujeros negros supermasivos, las fuentes de energía más potentes del universo.
La pregunta principal que preocupaba a los participantes: ¿cómo detectar tal construcción desde la Tierra? Después de todo, una mente distribuida en un enjambre de dispositivos emitirá calor y ondas de radio de manera muy distinta a las estrellas o el gas comunes. Si las «abejas» del enjambre actúan coordinadamente, como un organismo único, sus señales podrían ser ordenadas. Si, en cambio, son solo un conjunto de máquinas independientes, la radiación mostrará caos. De esto depende qué buscar exactamente en los datos de los telescopios.
Finalmente, los científicos propusieron revisar a fondo los archivos de observaciones, por ejemplo del telescopio infrarrojo WISE o del Event Horizon Telescope, que capturó las sombras de los agujeros negros. Allí podrían esconderse objetos extraños que los algoritmos estándar de procesamiento descartaron como ruido. Quizás entre esa «basura» se oculta la huella de una mente distinta, que se calienta junto al abismo.
La energía que puede extraerse de un agujero negro supermasivo en rotación supera en miles de millones de veces todo lo que estrellas como nuestro Sol podrían producir durante toda su vida.
La idea resuena con el «enjambre de Oort» de Hyperion, de Dan Simmons: allí una inteligencia artificial habitaba en una nube de dispositivos dispersos por el sistema solar.