La plantación de bananos se cubre de franjas oxidadas. Es la sigatoka negra, un hongo cuyas esporas viajan por el aire como un polen invisible. Ataca las hojas y debilita la planta. El agricultor reduce la infección, pero la enfermedad regresa de repente, como una maleza que fingía estar muerta.
El modelo matemático reveló una trampa: la infección puede caer por debajo de uno y el foco aún sigue latente. Por eso, las cuarentenas por sí solas no bastan. Los cálculos señalan dos palancas: la selección de variedades resistentes y la protección de las hojas jóvenes en la temporada de lluvias. El modelo también tuvo en cuenta los brotes aleatorios de infección (por ejemplo, debidos al clima), probando miles de escenarios. El panorama es claro: solo se puede vencer al hongo atacándolo por dos frentes a la vez.
Un centímetro cuadrado de hoja de banano enferma puede liberar hasta 20 000 esporas al aire en un día; eso basta para infectar una plantación entera.
En la novela 'El año de las maravillas' de Geraldine Brooks, el aislamiento de una aldea no la salva de la peste; lo mismo ocurre con los bananos: mientras exista un solo foco oculto, la enfermedad espera su momento.