La invasión y multiplicación de un patógeno en el cuerpo de un huésped, que conduce a la enfermedad.La infección es el proceso mediante el cual un patógeno —una bacteria, un virus, un hongo o un parásito— invade un organismo huésped, se multiplica y desencadena una respuesta que puede ir desde una molestia leve hasta una enfermedad grave. No es simplemente la presencia de un microbio; es una batalla activa entre la capacidad del invasor para reproducirse y las defensas inmunitarias del huésped. El resultado depende de un equilibrio delicado: la virulencia del patógeno, la inmunidad del huésped y el número de microbios que entran inicialmente en el cuerpo.
La teoría germinal de las enfermedades, establecida por Louis Pasteur y Robert Koch a finales del siglo XIX, vinculó por primera vez microbios específicos con enfermedades concretas, reemplazando las antiguas ideas de miasmas o generación espontánea.
Una infección comienza cuando un patógeno atraviesa una barrera física como la piel o las membranas mucosas y encuentra un nicho donde puede multiplicarse. Una vez dentro, compite por nutrientes, evade o suprime el sistema inmunitario y produce toxinas o daña los tejidos directamente. El huésped responde con inflamación, reclutamiento de células inmunitarias y, a veces, fiebre, lo que puede eliminar la infección o, si se ve superado, conducir a la enfermedad. La 'dosis infecciosa' —el número de microbios necesario para establecer la infección— es un factor clave: una sola bacteria puede ser inofensiva, mientras que miles pueden abrumar las defensas.
Comprender la dinámica de las infecciones guía el desarrollo de vacunas, la dosificación de antibióticos y las medidas de salud pública como la cuarentena y los protocolos de higiene.
Algunos patógenos, como la bacteria que causa el cólera, pueden desencadenar una infección con tan solo 100 células, mientras que otros, como la Salmonella, requieren miles.




