Después de un infarto, la zona muerta del músculo cardíaco puede intentar reemplazarse con células vivas cultivadas a partir de células madre. Pero a menudo ocurre un contratiempo: el injerto recién colocado empieza a actuar como su propio marcapasos y el corazón se desvía de su ritmo correcto. Los médicos ven la arritmia en el electrocardiograma, pero lo que ocurre exactamente en la unión entre lo 'propio' y lo 'ajeno' queda fuera de plano. Medir directamente la fuerza del contacto eléctrico es imposible.
El nuevo modelo computacional convierte esa unión en un regulador visual. El borde entre el injerto y el tejido nativo se representa como una capa delgada con una conductividad determinada, algo así como la perilla de volumen de un amplificador. Si la giras hacia un lado, la señal del injerto fluye fácilmente hacia el corazón y lo hace contraerse. Si la giras hacia el otro, la señal se apaga antes de llegar a su destino. Los cálculos mostraron que incluso una pequeña reducción de la conductividad en el borde puede convertir el injerto en un foco aislado. Late por sí solo, pero no puede arrastrar a todo el corazón.
Los autores probaron los cálculos en formas anatómicas típicas y mostraron que un cambio gradual de la conductividad en la unión cambia por completo el panorama: desde una transmisión completa del ritmo hasta un aislamiento eléctrico total. Esta herramienta permite por primera vez no adivinar, sino calcular con qué fuerza de contacto el injerto dejará de ser un marcapasos peligroso.
El trabajo sienta las bases para futuros experimentos. Sabiendo qué conductividad se debe lograr, se pueden ajustar las condiciones de cultivo celular o añadir sustancias que mejoren el contacto eléctrico. Así, la terapia celular dejará de parecerse a mudar a un nuevo inquilino que lo primero que hace es romper el timbre de la puerta.
El corazón de un adulto genera un impulso eléctrico unas 100 000 veces al día, y nunca se equivoca si todos los contactos están en orden.
En la película 'Flatliners', los científicos detienen el corazón para asomarse al más allá, pero el verdadero problema es cómo hacer que vuelva a latir con regularidad después de una intervención.