
Un registro de la actividad eléctrica del corazón, utilizado para detectar anomalías del ritmo.Un electrocardiograma (ECG o EKG) es un registro de la actividad eléctrica del corazón a lo largo del tiempo, obtenido colocando electrodos sobre la piel. Cada latido genera una forma de onda característica — la onda P, el complejo QRS y la onda T — que corresponde a la despolarización y repolarización de las aurículas y los ventrículos. Los médicos utilizan los ECG para diagnosticar arritmias, infartos, desequilibrios electrolíticos y otras afecciones cardíacas, lo que lo convierte en una de las pruebas médicas más utilizadas en todo el mundo.
El primer electrocardiograma humano fue registrado por Augustus Waller en 1887, pero el ECG clínico moderno fue desarrollado por Willem Einthoven a principios del siglo XX, quien también introdujo las derivaciones estándar de las extremidades y la nomenclatura PQRST.
La actividad eléctrica del corazón se origina en el nodo sinoauricular, un marcapasos natural que envía una onda de despolarización a través del músculo cardíaco. Esta señal eléctrica se propaga por los tejidos del cuerpo y llega a la piel, donde los electrodos detectan pequeñas diferencias de voltaje (del orden de milivoltios). El electrocardiógrafo amplifica y filtra estas señales, mostrándolas como una gráfica de voltaje en función del tiempo. Las anomalías en el momento o la forma de la onda revelan problemas subyacentes — por ejemplo, un intervalo QT prolongado indica riesgo de arritmias peligrosas.
Los ECG se utilizan en hospitales, ambulancias y dispositivos portátiles (relojes inteligentes) para monitorear el ritmo cardíaco, detectar infartos silenciosos y guiar el tratamiento de afecciones como la fibrilación auricular.
Un solo registro de ECG contiene alrededor de 1,000 puntos de datos por segundo, pero un cardiólogo entrenado puede detectar una arritmia potencialmente mortal en menos de 10 segundos.








