El núcleo atómico no es una bola de billar, sino más bien una nube brumosa que cambia constantemente de contorno. Los protones y neutrones en su interior están en continuo movimiento, y el núcleo puede adoptar las formas más diversas: alargado, achatado o con forma de pera. Para describir esta vibrante multiplicidad, los físicos solían elegir unas pocas figuras más probables y mezclarlas, como un pintor mezcla colores en su paleta. Pero los matices importantes a menudo quedaban fuera.
El nuevo método, denominado teoría estocástica de funcional de densidad multiconfiguracional (MR-SDFT), actúa de otra manera. Lanza un "empujón" aleatorio al núcleo: un campo externo débil que empuja a protones y neutrones en direcciones distintas. Así nace todo un enjambre de formas posibles: miles de bocetos. Luego, un algoritmo inteligente, similar a un editor exigente, selecciona los más valiosos y los mezcla en una imagen conjunta. Esto permite escuchar más "voces" colectivas del núcleo que antes se pasaban por alto.
En esencia, los físicos han dado al núcleo la oportunidad de "contar más sobre sí mismo", sin depender de plantillas preconcebidas. Este método promete arrojar luz sobre las propiedades de isótopos de vida corta difíciles de estudiar experimentalmente. Y la próxima vez que veas la tabla periódica, recuerda: dentro de cada casilla no se esconde un punto, sino todo un conjunto danzante.
El núcleo del átomo de neón-20 en su estado fundamental pasa parte del tiempo con forma de disco achatado y parte con forma de cigarro alargado, y estas transformaciones ocurren en milmillonésimas de milmillonésima de segundo.
En la novela "Solaris" de Stanislaw Lem, el océano del planeta viviente cambiaba constantemente de forma, generando estructuras complejas: algo parecido al multifacético núcleo atómico de esta investigación.