Un sistema cuántico se parece a una isla que el océano va erosionando poco a poco. Las olas son la influencia del entorno, y van borrando las costas, privando a la isla de sus contornos únicos. La ecuación GKLS (Gorini–Kossakowski–Lindblad–Sudarshan) describe precisamente la rapidez con la que desaparece esa «cuanticidad».
Pero toda ola tiene una fuente de energía. Los autores del trabajo miraron más a fondo y se preguntaron: ¿y si la energía del océano no puede caer por debajo de cierto nivel? Resulta que entonces la erosión no ocurre como predice la ecuación. La probabilidad de que la isla aún conserve sus rasgos cuánticos decae más lentamente, no en línea recta al principio, sino en una curva suave.
Esto significa que una descripción exacta y eterna de la irreversibilidad requeriría una energía inicial infinita o la violación de las leyes básicas. La ecuación GKLS sigue siendo una excelente herramienta de trabajo, pero ahora sabemos que detrás de sus elegantes fórmulas se esconde una idealización. El océano no es infinitamente profundo, y la isla desaparece de un modo un poco más retorcido de lo que creíamos.
El término «semigrupo» en el nombre de la ecuación significa que el proceso solo avanza en el tiempo, como la arena que no se puede volver a juntar en un reloj de arena.
En la novela «El fin de la eternidad», Isaac Asimov describe cambios irreversibles de la realidad, pero incluso allí la energía obedece leyes, no una ecuación sin fondo.