Cinco caminos distintos llevan a una misma meta: una vida larga. Unos ratones recibían medicamentos; otros comían un 40% menos. A los ocho meses se les tomaron siete tejidos: cerebro, hígado, músculos, riñones, grasa y sangre. Cada tejido es como un testigo que ve el suceso desde su propio lado.
Los científicos usaron un programa informático que comparó mil veces las moléculas de los tejidos. Este encontró cambios comunes en todos los ratones longevos. En el cerebro y la sangre había más ergotioneína, una sustancia de los hongos que los ratones obtienen con la comida. En los músculos creció la cardiolipina, un lípido que ayuda a las células a producir energía.
Ahora queda claro que distintos métodos para prolongar la vida dejan una huella común. Basta con medir estas moléculas en la sangre de una persona después de un ciclo corto de medicación para saber si ese fármaco frena el envejecimiento.
La ergotioneína es un antioxidante que los mamíferos no saben sintetizar por sí mismos. La producen los hongos, y los ratones la obtienen de la dieta gracias a un transportador especial, el OCTN1.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.