En la braquiterapia, se insertan catéteres finos en el tumor. En las imágenes de TC se parecen a hilos luminosos entrelazados. Antes, los médicos los delineaban manualmente uno por uno, lo que llevaba hasta una hora.
El nuevo algoritmo aprende de imágenes sintéticas: en un volumen vacío se dibujaban tiras metálicas, como hilos sin cuerpo. La red neuronal domina la fotometría (medición del brillo) y se perfecciona con solo diez catéteres reales. Luego entra en acción un rastreador físico: desenreda los hilos, siguiendo la dirección y evitando que se peguen. Este principio de separación de señales superpuestas es conocido en la espectroscopía: allí un prisma descompone una mezcla de colores en rayos individuales. El rastreador reduce la entropía, el desorden en los datos.
Todo el análisis dura 12 segundos, más rápido que abrir el programa manualmente. Esto permite a los médicos ajustar el plan de radiación durante el procedimiento. Un dato curioso: el rastreador se basa en la transformada de Hough, un truco matemático de 1962 ideado para analizar imágenes de cámaras de burbujas. Hoy ahorra horas en oncología.
Los catéteres para braquiterapia están hechos de metal flexible con marcadores dorados: en la radiografía brillan como reflectantes en una chaqueta.