El metro corre a toda velocidad por el túnel, y los pasajeros del último vagón ni siquiera se tambalean. Así funciona más o menos el flujo sanguíneo en los pulmones: el corazón impulsa la sangre con potentes sacudidas, pero para cuando llega a las venas, la pulsación casi ha desaparecido. Durante mucho tiempo, nadie pudo construir una imagen matemática completa de esta transformación: faltaba el eslabón más importante, la red capilar.
En el nuevo trabajo, por primera vez se reunió un modelo unificado donde las arterias grandes y las venas se conectan a través de una red capilar realista. Los autores utilizaron el enfoque del "árbol estructurado": las arterias se ramifican en vasos cada vez más pequeños, como la copa de un árbol, y las venas se reúnen de la misma manera. Entre ellas se inserta una "lámina capilar": una malla elástica de tubos microscópicos que funciona como un amortiguador.
Se compararon dos casos: el de una persona sana y el de un paciente con hipertensión pulmonar (presión elevada en los vasos pulmonares). Sin los capilares en el modelo, el flujo venoso permanecía de forma poco natural pulsátil, como si el tren llegara a la estación final sin reducir la velocidad. Cuando se añadieron los capilares, las pulsaciones se amortiguaron y la gráfica se volvió uniforme, como debería ser en la realidad. En el paciente con hipertensión, la red capilar resultó alterada y ya no podía proteger completamente las venas de los golpes: parte de la energía del pulso se filtraba más allá.
El resultado se puede ajustar con precisión: modificando la rigidez de las paredes vasculares en el modelo, se puede seguir cómo progresa la enfermedad. Esta herramienta será útil para que los médicos evalúen de antemano cuánto ha cambiado el funcionamiento de la circulación pulmonar y elijan la terapia sin procedimientos invasivos innecesarios.
La superficie total de todos los capilares en los pulmones humanos es aproximadamente igual a la de una pista de tenis: unos 70 metros cuadrados.