En el universo temprano, cuando se enfriaba después del Big Bang, pudieron formarse defectos —como grietas en el hielo. Uno de esos defectos es el monopolo global, un diminuto cúmulo de campo donde la energía queda atrapada en un nudo. Cuando un monopolo y su antipoda se encuentran, se aniquilan como una gota y una burbuja, y emiten ondas —partículas sin masa, parientes de la materia oscura (se les llama bosones NG).
Los autores del trabajo simularon en computadora la danza de estos monopolos. El espectro de las ondas emitidas no resultó disperso, sino concentrado en un pico en una escala comparable al tamaño del universo visible. El mismo patrón se había observado antes para las cuerdas cósmicas —otro tipo de defecto.
Lo más interesante comienza si estas ondas adquieren una masa diminuta. Entonces dejan de ser sin masa y se convierten en pseudo-bosones NG —partículas pesadas, lentas y casi invisibles. Precisamente esas partículas podrían constituir la materia oscura que, según se cree, llena las galaxias.
Así nace un puente entre los defectos del espacio y el enigma de la materia oscura. No se necesitan los hornos ardientes del universo temprano: los monopolos, con su sola desaparición, llenan el cosmos de materia invisible. Y si algún día captamos una señal de esas partículas, recordará el ritmo de aquella danza antigua.
Los monopolos globales aún no se han encontrado, pero si uno atravesara la Tierra, provocaría una diminuta vibración en los detectores —como el paso de un gigante.