A veces la lavadora rompe la ropa. Para obtener una camisa entera, lavas varias y luego, con las partes que sobreviven, armas una. De manera similar, la computadora cuántica trata con los 'estados mágicos', unos preparados especiales sin los cuales los cálculos complejos son imposibles.
Estos estados son extremadamente frágiles. El más mínimo ruido y la magia se evapora. El proceso de purificación, o destilación, antes requería muchos recursos. Los autores del nuevo trabajo encontraron la manera de hacerlo de forma más compacta. Tomaron códigos sobre campos de 2s elementos (como si el cubo tuviera no dos caras, sino varias) y los tradujeron de vuelta al lenguaje de los qubits ordinarios. Resultó que operaciones complejas de múltiples qubits, como CS, CCZ y el triple Toffoli, se empaquetan en acciones simples sobre esos campos extendidos.
El beneficio práctico es enorme. Con niveles de error de 10-3 (inyección directa de magia) e incluso 10-6 (con cultivo previo), los nuevos protocolos superan a todos los anteriores en velocidad de producción de estados mágicos. En otras palabras, la computadora cuántica podrá detenerse con menos frecuencia para 'limpiar' y dedicar más tiempo a calcular. Los errores correlacionados, que antes se acumulaban como una bola de nieve, ahora se extinguen automáticamente por la propia estructura del código, como si el agua se escapara por orificios especiales en el fondo del bote.
Así, la geometría ayuda a construir una computadora cuántica que no teme a las interferencias. Y si antes parecía que la magia se espantaba fácilmente, ahora se puede exprimir metódicamente, paso a paso, hasta la perfección.
La destilación de estados mágicos se parece al proceso de obtención de alcohol absoluto: las impurezas (errores) se congelan y la sustancia deseada se vuelve más pura.
En la novela 'Anatema' de Neal Stephenson, las abstracciones matemáticas controlan directamente la realidad física, casi como aquí, donde la geometría de campos finitos dicta los protocolos cuánticos.