Una bolita rueda por un canal. ¿Qué forma debe tener el canal para que la bajada tome el menor tiempo posible? Hace tres siglos, la respuesta era la cicloide, una curva parecida al arco de un puente invertido. Pero si sumergimos el canal en un líquido espeso, todo cambia: el líquido frena la bolita y el camino más rápido se vuelve otro.
Los científicos hicieron un experimento: una bolita rodaba por un plano inclinado dentro de un tanque con jarabe. Las cámaras seguían la trayectoria, y los cálculos buscaban la mejor ruta para dos objetivos: llegar primero o gastar la menor energía. En el aire, ambos objetivos llevaban a la misma cicloide. En el jarabe, los caminos se separaron.
La bajada más rápida es casi una línea recta, pero con curvaturas suaves al principio y al final. La bolita acelera como por un camino llano y, antes de la meta, frena con cuidado. En cambio, el camino más eficiente en energía es una curva en forma de S con un punto de inflexión en el medio: la bolita primero se desvía hacia un lado y luego regresa, como un esquiador que hace eses para no acelerar demasiado.
Esto no es solo un juego con bolitas. Dentro de las células vivas, los orgánulos se mueven en un citoplasma espeso, la lava volcánica fluye por las laderas y los medicamentos viajan por la sangre. En todos los casos donde el medio es viscoso, el camino más rápido y el más eficiente no son los que sugiere la intuición de un mundo sin fricción.
La cicloide clásica es la curva que traza un punto en el borde de una rueda. Por ella, una bolita en el vacío baja más rápido que por cualquier otra, incluso más rápido que por una línea recta.