En el cerebro pasa como en una casa vieja: cada habitación envejece a su manera, en una el papel de la pared se ha descolorido y en otra todo parece nuevo. Los científicos encontraron la forma de medir la edad de cada «habitación», es decir, de cada célula del cerebro, según cómo está empaquetado su ADN.
Los investigadores reunieron datos de 1,5 millones de células cerebrales procedentes de 357 personas de distintas edades y entrenaron un programa informático para predecir la edad a partir de la apertura del ADN. El programa aprendió a hacerlo por separado para cada tipo de célula: neuronas, células de apoyo (astrocitos), células inmunitarias del cerebro (microglía) y otras. Resultó que con las neuronas la edad se predice con mayor precisión, mientras que con los astrocitos cuesta más.
Lo más interesante: este «reloj» no funciona solo con el cerebro humano. Logró predecir la edad en ratones e incluso en peces cebra, aunque su ADN es distinto del nuestro. Además, el reloj mostró que en el alzhéimer y el párkinson las células del cerebro envejecen más rápido de lo normal, sobre todo las células inmunitarias. Esto significa que ahora médicos e investigadores tienen una manera de medir la edad biológica de las células y de comprobar si los fármacos ayudan a frenar el envejecimiento.
El reloj, entrenado con células de la corteza prefrontal humana, logró predecir la edad en la retina del pez cebra, un animal cuyo último ancestro común con el ser humano vivió hace más de 400 millones de años.
La idea de unos «relojes de envejecimiento» que se pueden atrasar conecta con la novela de Oscar Wilde «El retrato de Dorian Gray», donde el envejecimiento se traslada a una imagen, y también con la película «Cloverfield: paradoja», donde la aceleración del envejecimiento se usa como recurso dramático.
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