La diabetes se extiende por el mundo más rápido en los países de renta baja y media, donde las transferencias monetarias suelen ser la base de la protección social. Sin embargo, la relación entre esos pagos y el riesgo de diabetes está casi sin estudiar. El trabajo va por libre: cerca, en el archivo, hay estudios sobre monitorización del azúcar y predicción de la salud, pero ninguno considera la ayuda económica como una intervención. Es el primer intento de unir la política social con biomarcadores de glucosa a escala poblacional.
Los científicos usaron datos de la cohorte HAALSA Indepth de la zona rural de Agincourt, en Sudáfrica. Reconstruyeron el historial mensual del derecho a las dos ayudas económicas más grandes, la pensión por edad y la asignación por hijo, para cada hogar desde el año 2000. Después calcularon la suma media mensual por persona ajustada a la inflación. El nivel de glucosa se midió con glucómetros en 2014/15 y en 2021/22. Para analizar la relación entre los pagos y el desarrollo de diabetes o prediabetes aplicaron modelos de regresión teniendo en cuenta la edad, el sexo y el abandono de los participantes.
En siete años, la diabetes apareció en el 16,8% de los participantes que no la tenían al inicio, y la prediabetes en el 21,7% de los que empezaron sanos. Cada cien rand adicionales (unos 6 dólares) al mes reducían el riesgo de prediabetes un 6% (intervalo de confianza 0,90–0,98). Para la diabetes no hubo relación. La regresión por cuantiles mostró que, en las personas con el nivel de azúcar más alto, la bajada de glucosa fue el triple que la media del grupo. Los resultados no dependieron de la elección de los criterios de prediabetes ni de la forma de calcular los pagos.
El trabajo muestra por primera vez que las ayudas económicas pueden prevenir las fases tempranas del trastorno del metabolismo de la glucosa, pero no detienen una diabetes ya iniciada. Esto encaja con la idea de la prediabetes como un estado más plástico. A diferencia de los estudios vecinos, que se centran en el diagnóstico o la monitorización, aquí la intervención apunta a los determinantes sociales de la salud. El resultado subraya que, para luchar contra la diabetes en comunidades pobres, importa no solo la medicina, sino también el apoyo económico.
El tema puede avanzar hacia la identificación de mecanismos concretos: qué cambian exactamente los pagos, si la alimentación, la actividad física, el estrés o la visita al médico. Son posibles los ensayos aleatorizados con distintos tamaños de pago y condiciones. Es prometedor estudiar el umbral a partir del cual el efecto alcanza también a la diabetes. También es importante comprobar si estos programas funcionan en otros países con una estructura de ayuda social parecida.
Los resultados pueden influir en el diseño de los programas de protección social en los países de renta baja y media, donde la diabetes crece más rápido. También aportan un argumento para incluir las transferencias monetarias en las estrategias de prevención de enfermedades no transmisibles.
El siguiente paso es averiguar qué cambios concretos en el estilo de vida median en la reducción del riesgo de prediabetes. Después conviene realizar un estudio aleatorizado con pagos más grandes, para comprobar si también se puede influir en la diabetes.
El trabajo aborda un problema antiguo: por qué los factores socioeconómicos influyen tanto en el riesgo de diabetes y si ese efecto se puede revertir. También plantea la cuestión del umbral de intervención: en qué fase del trastorno del metabolismo de la glucosa todavía es posible la prevención y cuándo hacen falta ya los medicamentos.
El nivel máximo de glucosa registrado en el estudio fue de 30,6 mmol/l, el triple del umbral de diabetes y peligroso para la vida. Al mismo tiempo, el pago medio por persona era de solo unos 21 dólares al mes, menos que el coste de una sola visita al médico en los países desarrollados.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.