Imaginen una orquesta en la que cada músico toca a su propio ritmo. Con la edad, nuestro organismo se parece a esa orquesta: el habla, la voz y el flujo sanguíneo del cerebro no cambian al mismo tiempo.
Los científicos pidieron a personas de más de cuarenta y de más de setenta años que dijeran en un minuto todas las palabras que pudieran con la sílaba «ka». Mientras hablaban, un micrófono grababa la voz y un sensor en la frente seguía la llegada de sangre a la parte frontal del cerebro, esa que busca las palabras. Resultó que los mayores dijeron menos palabras (14 frente a 17) e hicieron pausas más largas (1,6 segundos frente a 0,7). En cambio, en ellos el flujo sanguíneo se aceleraba más despacio: el pico llegaba en el segundo 33, y no en el 16, y era más alto.
Lo más sorprendente: la diferencia en la duración del habla explicó solo una pequeña parte del retraso del flujo sanguíneo. Es decir, el habla y el flujo sanguíneo cambian de forma independiente, como si el director de la orquesta envejeciera por separado de los músicos. Por ahora este conocimiento no tiene aplicación práctica, pero advierte que, para entender el envejecimiento, hay que mirar varios indicadores a la vez y no uno solo.
Los participantes de más de 70 años nombraron en promedio 3 palabras menos que los cuarentones, pero en los últimos 10 segundos de la tarea pronunciaron el doble de palabras: 1,48 frente a 0,70. El grupo más joven se fue quedando sin aire hacia el final del minuto, mientras que el mayor mantuvo un ritmo constante.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.