Para arrancar un electrón de una molécula hay que invertir energía, lo que se conoce como potencial de ionización. El antiguo método de cálculo ADC(3) suponía que el electrón sube por una escalera vacía, sin encontrarse con nadie. Pero en realidad, en los peldaños ya hay otros electrones que empujan al que sube, como pasajeros en un vagón abarrotado.
El nuevo método EN-ADC(3) incorpora ese «hacinamiento» al cálculo. Cada peldaño de la escalera recibe una corrección: si ya hay un electrón, subir cuesta más. Esta corrección no es de una sola vez, sino una cadena infinita de interacciones, pero se puede calcular sin coste adicional. Al final, el error medio para 23 moléculas cae de 0.326 eV a 0.09 eV, mejor que el del método más caro EOM-CCSD.
No todas las moléculas mejoran por igual. En las de capa abierta, donde los electrones no están apareados, el error se reduce menos. Y en cadenas largas, el método puede incluso empeorar el resultado. Eso significa que la escalera hay que seguir construyéndola, pero para la mayoría de las moléculas comunes ya está lista.
El desplazamiento de Epstein–Nesbet se puede interpretar como la adición de la energía de repulsión de dos electrones que se encuentran en el mismo orbital. Para un par de orbitales virtuales, este desplazamiento siempre es positivo, lo que hace que el denominador sea más negativo y evita divergencias cuando las energías orbitales están degeneradas. En los cálculos para la molécula de BN, el segundo potencial de ionización cambió en 0.15 eV solo por incluir o excluir un término del desplazamiento, tan sensible resultó el sistema.