Un faro en la costa brilla de manera constante hasta que el viento trae nubes de humo de una fogata. La luz se apaga, aunque el fuego sigue vivo. Algo parecido hizo la estrella WR 59 en la constelación de Centauro: en unas horas se volvió tres veces más tenue, y dos semanas después volvió a brillar como antes.
El primero en notarlo fue Rod Stubbings, de Australia. Su telescopio, con gran aumento, separó a WR 59 de una estrella brillante vecina, que en el cielo están muy cerca. Los telescopios automáticos las ven como una sola mancha y no se dan cuenta de que una de las dos se ha atenuado. Pero el ojo humano, con un buen ocular, sí distinguió la diferencia. Más tarde, el telescopio espacial TESS, que por casualidad apuntaba hacia la misma zona, lo confirmó: sí, la estrella realmente se había debilitado.
Antes se consideraba a WR 59 una estrella tranquila. Ahora se sabe que, de vez en cuando, se esconde tras nubes de su propio polvo, como un faro tras el humo. Stubbings sigue observándola y ya ha visto otras diez atenuaciones parecidas. Así que un aficionado con telescopio puede detectar lo que los grandes sondeos del cielo pasan por alto.
Durante el mínimo, WR 59 se volvió casi 3,3 veces más tenue de lo habitual, pero a simple vista seguiría siendo invisible: su brillo de magnitud 15,2 es 4000 veces más débil que el de las estrellas más tenues visibles a simple vista en un cielo oscuro.