En una galaxia enana vive una vieja esfera de estrellas que ha reunido cientos de miles de soles. Según los cálculos, hace mucho que debería haber caído al centro, como una piedra en un pudín. Pero la esfera se mantiene en su sitio, y los científicos no logran entender por qué.
Alrededor de la galaxia hay materia oscura invisible. No brilla, pero atrae a las estrellas. En el modelo habitual, la materia oscura se apelotona hacia el centro, y cualquier objeto masivo que la atraviese se frena, como una barca que arrastra una ola tras de sí. A lo largo de diez mil millones de años, ese rozamiento debería haber arrastrado todos los cúmulos estelares hacia el centro. Sin embargo, los telescopios ven que siguen ahí y repartidos por toda la galaxia.
Una de las explicaciones: la materia oscura está formada por partículas ultraligeras que se comportan como ondas. Estas ondas difuminan el denso núcleo de la galaxia, y el rozamiento con la materia oscura se vuelve más débil. Los científicos pusieron a prueba esta idea con datos del telescopio «Euclid» para cientos de galaxias enanas. Resultó que, si la partícula de materia oscura es más ligera que cierto límite, los cúmulos estelares no caen al centro. Ese límite concuerda con unas observaciones, pero contradice otras. Por ahora el enigma sigue en pie, aunque los nuevos datos ayudarán a resolverlo.
La masa de la partícula de materia oscura difusa es 10²² veces menor que la masa del electrón, pero sus propiedades ondulatorias se manifiestan a escalas de miles de años luz.
La idea de una materia oscura ultraligera que forma ondas cuánticas a escalas galácticas resuena con el concepto de «niebla cuántica» de la novela «La escalera de Schild» de Greg Egan, donde la física del vacío determina la estructura del universo.