Un barco con cientos de pasajeros queda atrapado en una tormenta y el capitán reparte salvavidas. Algunos necesitan el salvavidas de verdad; a otros solo les estorba a la hora de moverse. En oncología pasa lo mismo: tras la cirugía para extirpar el tumor de mama, los médicos recetan quimioterapia, pero de antemano no se ve quién se beneficiará de ella y quién solo sufrirá efectos secundarios sin obtener nada a cambio.
Hasta ahora, la herramienta principal era la prueba genética Oncotype DX, que evalúa el riesgo de recaída, pero no la sensibilidad al tratamiento. Es como si el capitán repartiera los salvavidas según el peso del equipaje y no según la capacidad de nadar. El nuevo modelo CTX mira al propio tumor: sus imágenes microscópicas, donde se aprecian la forma de las células y cómo están dispuestas, y los datos habituales de la historia clínica de la paciente: edad, estadio, receptores.
El paso clave consiste en comparar el destino de pacientes parecidas que recibieron y no recibieron quimioterapia. Para cada mujer, el modelo predice dos escenarios: cómo evolucionará la enfermedad solo con terapia hormonal y qué cambiará si se añade quimioterapia. La diferencia entre ambas predicciones es el beneficio personal, ese salvavidas que o bien la mantendrá a flote o bien será un peso muerto.
Los resultados son alentadores. En las pacientes con un beneficio predicho alto, la quimioterapia reducía el riesgo de recaída del cáncer en un 58%, mientras que en aquellas a quienes el modelo les atribuía un beneficio bajo no había efecto alguno. En una comparación directa sobre las mismas mujeres, CTX resultó más preciso que Oncotype DX.
El modelo funciona con datos rutinarios: una imagen convencional del tejido y las anotaciones de la historia clínica, sin pruebas genéticas costosas. Eso abre el camino a una oncología personalizada en clínicas que no cuentan con equipos sofisticados. Y la brújula que indica qué pasajeros necesitan de verdad el salvavidas ya puede subir a bordo.
El modelo Falcon, utilizado para analizar las imágenes histológicas, se entrenó con dos mil millones de fragmentos de tejidos, es decir, unos 40 000 portaobjetos completos, una cifra comparable con el archivo de un gran centro oncológico acumulado durante décadas.
La idea de predecir la reacción individual a un tratamiento recuerda a la película «Gattaca», donde un análisis genético determina el destino de una persona. Aquí, sin embargo, no se trata de fatalismo, sino de la posibilidad de elegir la terapia óptima a partir de los datos.