Un globo que nadie se acordó de anudar se desinfla a la vista de todos. Algo parecido le ocurre al planeta GJ 3090b: su envoltura de gas se escapa hacia el espacio, y los astrónomos lo han visto con sus propios instrumentos.
El planeta pasa por delante de su estrella, y la luz de la estrella atraviesa su atmósfera. En esa luz apareció la sombra del helio, un gas que se aleja del planeta. La sombra resultó ser muy profunda, bastante más que la de otros planetas parecidos. Eso significa que la atmósfera se marcha deprisa, como el aire de un globo pinchado.
Los científicos compararon sus observaciones con los datos del telescopio espacial James Webb y descubrieron que la fuga cambia de una noche a otra. Una noche el planeta perdía más gas; otra, menos. Pero en cualquier caso el ritmo es altísimo: en trescientos millones de años la envoltura desaparecerá por completo. Para un planeta es un plazo corto, como un solo día en la vida de una persona.
El globo de la primera frase no se desinfla solo. Lo desinfla la estrella, y el proceso se ve con todo detalle. Ahora los astrónomos saben a qué velocidad puede desaparecer la atmósfera de los planetas pequeños, y buscarán otros mundos que también se estén «desinflando».
La línea del helio en una longitud de onda de 10833 ángstroms es tan sensible a las condiciones de las capas altas de la atmósfera que a veces se la llama «el termómetro de los gases que escapan». En GJ 3090b resultó tan profunda que el planeta parece un gigante gaseoso en miniatura que pierde materia, aunque por tamaño solo duplica a la Tierra.
La rápida pérdida de atmósfera de un subneptuno joven recuerda al destino del planeta Kamino del universo de «Star Wars», cuyo mundo oceánico va perdiendo poco a poco su habitabilidad a causa de los cambios climáticos. En la realidad, GJ 3090b no pierde agua, sino su envoltura de hidrógeno y helio, pero el motivo de «un planeta al borde de un cambio irreversible» resulta reconocible.