
La idea de los valores propios surgió en el siglo XIX en los trabajos de Augustin Cauchy y Charles Hermite sobre formas cuadráticas. Pero su verdadera fama llegó con la mecánica cuántica, donde la ecuación de Schrödinger es un problema de valores propios: la energía de la partícula resulta ser un valor propio del operador hamiltoniano.
En mecánica cuántica, el estado de una partícula se describe mediante una función de onda. Al medir la energía, le aplicamos un operador, como una plantilla que 'revela' valores concretos: los valores propios. De manera similar a un tamiz que clasifica la arena por tamaño de grano, el operador de energía 'filtra' los estados posibles y da los niveles de energía permitidos del átomo.
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