
La idea surgió de las observaciones del movimiento planetario: ya Kepler notó que los planetas se mueven más rápido cerca del Sol (ley de áreas iguales). Más tarde, Newton y Euler formularon el concepto de momento angular como magnitud física. En el siglo XX, Henri Poincaré demostró que su conservación está ligada a la simetría del espacio.
Imagina una patinadora girando: con los brazos extendidos gira despacio, pero cuando los pega al cuerpo, acelera. Esto se debe a que su momento angular (que depende de la masa, la forma y la velocidad) permanece constante, y al reducir la distancia al eje, la velocidad aumenta. El mismo principio explica por qué las estrellas de neutrones giran cientos de veces por segundo: cuando una estrella masiva se comprime hasta ser una pequeña esfera, su rotación se acelera enormemente.
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