El matemático francés Joseph Fourier propuso esta idea en 1807, mientras investigaba cómo se propaga el calor en los sólidos. Comprendió que cualquier distribución de temperatura se puede representar como la suma de ondas simples. Más tarde, el método se aplicó en todas partes, desde la música hasta la física cuántica.
Imagina que a partir de una huella en la arena debes adivinar qué olas la dejaron. La transformada de Fourier actúa como un detective: prueba ondas de diferente longitud y fuerza contra la huella. Donde la coincidencia es buena, surge una gran 'pista'. En la computadora, esto se hace multiplicando la señal por sinusoides de prueba y sumando los resultados. Se obtiene un espectro, un gráfico que muestra qué frecuencias están presentes.
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