Inventado y aplicado por Albert Michelson a finales del siglo XIX. Con su interferómetro, demostró que la luz no necesita una sustancia especial (éter) para propagarse y midió con precisión la velocidad de la luz.
En un interferómetro, un rayo láser se divide en dos. Uno se refleja en un espejo móvil y el otro en uno fijo. Juntos crean franjas. El desplazamiento de las franjas indica un movimiento microscópico del espejo, lo que permite medir longitud, vibraciones e incluso la gravedad.
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