
En 1977, los teóricos Roberto Peccei y Helen Quinn propusieron esta partícula para corregir una inconsistencia en la teoría de la fuerza que une los protones. Más tarde, Frank Wilczek la llamó axión en honor a un detergente que «limpia» la teoría del problema.
Los axiones, como fantasmas, atraviesan paredes y nuestros cuerpos sin apenas notar la materia ordinaria. Pero si se colocan en un potente campo magnético, algunos pueden convertirse en diminutos destellos de luz (fotones) que los científicos intentan captar con instrumentos sensibles.