
La idea surgió de reflexiones sobre la paradoja del gato de Schrödinger (el gato que está vivo y muerto a la vez hasta que se le mide). La comprensión moderna fue desarrollada por físicos como John Archibald Wheeler, que investigaron el papel del observador.
Cualquier entorno 'mide' constantemente un objeto cuántico, destruyendo sus delicadas propiedades cuánticas. Como las burbujas en una bebida gaseosa recién abierta se convierten rápidamente en un líquido homogéneo, la 'efervescencia' cuántica se disipa bajo la presión del entorno, dejando una certeza familiar.