La idea surgió a finales del siglo XX, cuando los científicos comprendieron que el entrelazamiento cuántico (la conexión entre partículas a distancia) podía utilizarse para mediciones. John Bell y Alain Aspect hicieron contribuciones importantes al demostrar la realidad de las maravillas cuánticas.
En un sensor cuántico, una partícula, por ejemplo un átomo, se coloca en un estado cuántico y se envía a 'explorar' el entorno. La más mínima influencia cambia ese estado, y observando cómo ha cambiado la partícula se determina qué ocurrió exactamente.
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