
Las ideas modernas sobre la reionización se basan en la teoría del Big Bang (Georges Lemaître, 1927) y el descubrimiento del fondo cósmico de microondas (Penzias y Wilson, 1965), que confirmó un comienzo caliente del Universo. En 2001, en los datos del Sloan Digital Sky Survey se detectó el efecto Gunn-Peterson: en los espectros de cuásares con desplazamiento al rojo mayor que 6 la luz era completamente absorbida por el hidrógeno neutro. Esto indicó que la reionización había terminado unos mil millones de años después del Big Bang.
Un fotón ultravioleta con energía superior a 13,6 eV es capaz de arrancar un electrón de un átomo de hidrógeno. Las primeras estrellas emitían muchos de esos fotones. Alrededor de cada galaxia se formaba una región de gas ionizado, una burbuja creciente. Poco a poco las burbujas se expandieron y fusionaron hasta llenar todo el Universo, haciéndolo transparente a la luz ultravioleta.
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