El químico sueco Jöns Jacob Berzelius obtuvo por primera vez silicio puro en 1824. Pero sus talentos electrónicos se descubrieron mucho más tarde. En el siglo XX, los científicos aprendieron a purificar el silicio y a añadir impurezas (dopar), creando el transistor: comenzó la era digital.
El silicio puro bloquea el movimiento de las cargas, como un atasco en una carretera. Una pequeña impureza de boro crea en él lugares libres («huecos») a través de los cuales la corriente se transmite en cadena. La impureza de fósforo, por el contrario, proporciona electrones extra. Combinando regiones con diferentes impurezas se obtienen interruptores que procesan información.
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