El océano Pacífico respira. Cada pocos años, su 'pulmón' cálido del oeste exhala hacia el este, y entonces, desde Perú hasta Indonesia, cambian las lluvias, las sequías y los huracanes. A esa respiración se la llama El Niño-Oscilación del Sur, o ENOS. La pregunta que quita el sueño a los climatólogos es esta: ¿se amortigua esa oscilación por sí sola, como un péndulo que poco a poco se detiene y necesita que lo empujen ráfagas de viento aleatorias? ¿O tiene un motor interno que la mantiene en marcha?
Comprobarlo no es tan sencillo como parece. Los científicos construyen modelos simplificados en los que el océano y la atmósfera intercambian calor y momento. Uno de los más populares es el modelo de recarga, o recharge oscillator. Reduce todo el sistema a dos números: la temperatura de la superficie del agua y el grosor de la capa cálida. Con esos dos números se puede calcular si la anomalía crece o se amortigua. Y aquí empieza lo extraño: casi siempre el modelo dice que el ENOS se amortigua. La tasa de crecimiento sale negativa.
Los autores de la nueva investigación decidieron comprobar si el propio método nos está engañando. Crearon una simulación por computadora en la que sabían con certeza si el ENOS se amortiguaba o no. Luego aplicaron a esa simulación el método estándar de estimación de parámetros, el mismo que se usa con las observaciones reales. El resultado fue aleccionador: incluso cuando en la simulación el ENOS se sostenía a sí mismo, el método casi siempre decía que se amortiguaba. El error era sistemático, no aleatorio.
¿De dónde viene esa ceguera? El problema es que el modelo de recarga es una descripción muy burda de la realidad. No tiene en cuenta muchos detalles que influyen en el comportamiento del océano y la atmósfera. Cuando ajustamos un modelo tan simplificado a los datos reales, parte de esos detalles no considerados se 'cuelan' en los parámetros del modelo y los distorsionan. En particular, el parámetro responsable de la retroalimentación de Bjerknes se estima con un gran sesgo. Es como si intentaras determinar la fuerza del resorte de un péndulo mirando su movimiento a través de un vidrio empañado: siempre verías amortiguamiento, aunque el resorte en realidad esté impulsando el movimiento.
¿Qué significa esto para nuestra comprensión del clima? Si la tasa de crecimiento real del ENOS es cercana a cero o incluso positiva, entonces el sistema está en un equilibrio más frágil de lo que se pensaba. El más mínimo empujón, como un cambio en la concentración de gases de efecto invernadero o el derretimiento de los hielos, podría llevarlo a otro régimen. Quizás el ENOS no solo reacciona pasivamente a las perturbaciones aleatorias, sino que participa activamente en la formación de anomalías climáticas. Esto también cambia los pronósticos: si el sistema se sostiene a sí mismo, su comportamiento podría ser más impredecible a largo plazo.
Así que el péndulo que creíamos amortiguado quizás solo sea difícil de ver. Lo mirábamos a través del vidrio empañado de un modelo simplificado. La nueva investigación limpió ese vidrio, y resultó que la atenuación podría ser una ilusión. El océano respira, y su respiración quizás esté gobernada por su propio ritmo, no solo por las ráfagas del viento externo.
El tiempo de amortiguación de ENOS, estimado mediante el ajuste estándar, es de aproximadamente 1.9 años, pero las fórmulas analíticas dan 3 años. Esta diferencia podría ser consecuencia precisamente del sesgo que los autores detectaron.