El pulso del planeta se altera: cómo El Niño detuvo los pulmones de la Tierra ✛

Original: "Low latency global carbon budget reveals a continuous decline of the land carbon sink during the 2023/24 El Nino event"
arXiv:2504.09189 · 2025-04-12 · CC BY 4.0 · 3 min
En 2023, el dióxido de carbono atmosférico creció a un ritmo récord, y la culpa no fue de las fábricas, sino de los bosques, que dejaron de respirar a pleno pulmón.

Entre julio de 2023 y julio de 2024, la atmósfera terrestre acumuló dióxido de carbono a una velocidad de 3,66 partes por millón al año. Es el ritmo más rápido desde 1979. La causa no es que las fábricas y los autos hayan empezado de repente a emitir más CO₂. Los pulmones del planeta, los bosques y los suelos, inhalaron menos.

El planeta respira a través de su manto verde. Las hojas absorben dióxido de carbono; las raíces y los microbios lo exhalan de vuelta. En un año normal, la tierra firme absorbe más de lo que libera, y eso frena la acumulación de CO₂ en el aire. Pero en 2023/24 ese equilibrio se rompió: la absorción terrestre de carbono se redujo en 2,24 gigatoneladas de carbono al año en comparación con el promedio de 2015-2022. Es como si todos los bosques del mundo hubieran dado a la vez una inhalación un tercio más corta.

Los trópicos aportaron el 97,5% de toda la anomalía. La Amazonia perdió la mitad de su capacidad de absorción, África central un tercio y el sudeste asiático alrededor del ocho por ciento.

El culpable fue El Niño, la fase cálida del ciclo climático del Pacífico. Trajo sequía a los bosques tropicales. Cuando a los árboles les falta agua, cierran los poros de las hojas para no secarse. Con el agua deja de entrar también el CO₂. La fotosíntesis se ralentiza, pero la respiración del suelo continúa. El bosque pasa de ser sumidero a ser fuente.

La superficie de sequía en la Amazonia alcanzó el 68,2% de la región, más que en cualquier El Niño desde 1997. Los ríos bajaron tanto que en algunos lugares la navegación se detuvo. Los árboles no solo dejaron de crecer, empezaron a morir. La madera muerta se descompone y devuelve el carbono acumulado a la atmósfera; este proceso se prolongará durante años.

Para verlo tan rápido, los científicos combinaron tres métodos independientes de evaluación: modelos informáticos de crecimiento vegetal, sustitutos rápidos de los modelos oceánicos y mediciones satelitales de la concentración de CO₂ en la columna de aire. Antes, ese balance completo se publicaba con un retraso de un año o más. Ahora los sensores del planeta funcionan como un pulsioxímetro en el dedo del paciente: la falla respiratoria se ve casi de inmediato.

El océano compensó parcialmente la pérdida: absorbió 0,38 gigatoneladas de carbono al año más de lo habitual. Pero eso solo alcanzó para cubrir una sexta parte de lo que la tierra firme dejó de capturar.

Ahora que los pulmones del planeta han perdido el ritmo, los médicos tienen un instrumento para el diagnóstico temprano. Si el próximo El Niño vuelve a golpear los trópicos, lo veremos no dentro de un año en los informes, sino en cuestión de meses. Y podremos saber si es una falta de aire pasajera o el comienzo de una enfermedad crónica.

La sequía de 2023 en la Amazonia fue tan intensa que el nivel de los ríos cayó a mínimos históricos y en algunas zonas la navegación se interrumpió por completo. Además, la superficie afectada por el déficit hídrico alcanzó el 68,2% de la región, más que en cualquier El Niño anterior desde 1997.

El escenario en el que los bosques tropicales pasan de ser sumideros de carbono a ser fuentes se explora en la novela de Kim Stanley Robinson 'El Ministerio del Futuro', donde una ola de calor en la India desencadena una cascada de catástrofes climáticas. Este trabajo muestra que esa transición ya se observa en la realidad durante El Niño intensos.

Científicos
Fred HoyleMargaret BurbidgeWilliam Lawrence Bragg
Conceptos
El Niño land carbon sink La Niña ENSO spring predictability barrier Oceanic Niño index relative ONI Warm water volume interannual variability recharge oscillator model Indian Ocean capacitor effect Jin-Timmermann model ERSST