El haz de una linterna incide sobre un vidrio irregular y en la pared aparece un patrón de motas claras y oscuras. Antes, ese patrón se consideraba ruido inútil. Ahora, con él se reconstruye una imagen tridimensional.
En el nuevo sistema, la luz proveniente del objeto atraviesa una placa especial con irregularidades conocidas. La placa mezcla los rayos y estos crean un patrón de motas, como la sombra del follaje en el suelo. Una sola foto de este patrón reemplaza varias cámaras: la computadora calcula cómo viajaban las ondas de luz y construye un holograma. Luego, el holograma se muestra en una pantalla que modula la luz, y el espectador ve una escena tridimensional.
El sistema mostró video en vivo a una velocidad de unos 28 cuadros por segundo. Para transmitir los datos bastó un canal de internet común. Este es un paso hacia dispositivos sencillos y económicos para videollamadas tridimensionales, sin cámaras voluminosas ni espejos.
El patrón de motas que produce un láser en la pared no es solo belleza: contiene información cifrada sobre la superficie que reflejó la luz. Un principio similar se usa en el nuevo sistema, solo que en lugar de una pared se emplea una placa especial.