La pared de la vejiga no es un globo de goma. Cuando el órgano se vacía, su superficie se arruga como un papel hecho una bola, y la tensión varía de un punto a otro. Antes, para medirla, se pintaban motas sobre el tejido. Pero la tinta por sí sola cambia el comportamiento del tejido vivo, como una capa extra de cinta adhesiva en un globo.
El nuevo método prescinde de la tinta. Una cámara capta el patrón natural de la superficie interna de la vejiga, y el programa CoTracker3 sigue cada pequeña zona como un rastreador experto que lee las huellas en la arena. La técnica se probó en cuatro ratas: durante la contracción, la vejiga se encogía más a lo largo que a lo ancho. Con el microscopio se veía cómo se formaban grandes pliegues.
Esta mirada sin contacto no sirve solo para la vejiga. Cualquier material que se arrugue, se estire o cambie de forma puede estudiarse con más precisión, desde el músculo cardíaco hasta el film de embalaje.
La vejiga de una rata es del tamaño de un guisante, pero su pared, al contraerse, forma pliegues que recuerdan a un relieve montañoso en miniatura.